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Una sociedad ingenua

publicado a la‎(s)‎ 27 jun. 2016 13:35 por Pablo Buydid   [ actualizado el 27 jun. 2016 14:09 ]
La información nos llega de manera masiva, en grandes cantidades y por todos lados. Pero uno de los efectos negativos de la era de la información, es la ingenuidad que demostramos en el tratamiento y análisis de dicha información. Hemos hecho de los medios de comunicación e información, algo sagrado en lo que ponemos fe sin dudar.

No es nuevo que muchas veces se manipule la información para fines específicos. Mucho de lo que escuchamos y leemos no necesariamente es cierto. Y en el área de internet, la producción de información es tan colaborativa, que muchas veces no podemos confirmar los orígenes de la misma, ni la veracidad, al menos de un modo práctico.

El problema está, sin embargo, en nosotros, consumidores de información. No podemos tomar como cierta una información sin previamente verificarla. Supone un desafío, por cierto, pero es también nuestra responsabilidad.

Sociedad ingenua.

Muchas noticias nos llegan con bombos y platillos. Otras son tan revolucionarias que no podemos dejar de pensarlas como verdaderas (en cierta forma nos encontramos en una paradoja, ya que tenemos muy desarrollado el espíritu rebelde de no aceptar que nos impongan ideas, al tiempo que tomamos la mayoría de ellas como nuestras simplemente por ser... justamente revolucionarias). 

Pero en el fondo, estamos alimentando una sociedad ingenua, que todo lo cree. Cualquier organización, empresa o hasta particular puede dar origen a una versión falsa de cierto asunto, que rápidamente puede viralizarse y contagiar la opinión de grandes masas de personas. Y como no ahondamos en los detalles de la información, no podemos analizar detalles y fuentes que nos permitan verificar lo que hemos adoptado. Y así extendemos una verdad incomprobada hacia nuestros contactos directos.

Estos días publicaba una frase que leí en un artículo muy interesante de un blog, sobre este mismo tema, y que dice:




Es muy cierto, Algo suficientemente verdader puede ser lo suficientemente bueno para ser compartido. Pero eso no significa necesariamente que en realidad sea verdadero.

Es una cuestión de reputación. ¿Somos veraces en lo que compartimos? ¿Influimos una idea erronea y quizá perjudicial o negativa mediante información imprecisa a nuestros contactos? ¿Somos de fiar?

Cuando difundimos versiones de dudosa veracidad, que presentan dudas de credibilidad o no se pueden apoyar por si mismas, manchamos nuestra reputación ante los demás. Se nos tildará de poco creíbles, lo cual va en desmedro de nosotros mismos.

Cómo proceder.

Como en la mayoría de los casos, el sentido común es un buen aliado a la hora de analizar la información. Soy de los que poco creen una historia cuando ésta es revolucionaria y presenta todo un giro en las ideas generales, y la misma se presenta casi exclusivamente a través de redes sociales (mediante cuentas particulares) o medios como Whatsapp. Si además no hay fuentes desde las que podamos seguir hacia el orígen de la información, casi casi que la descarto.

Justamente, otra herramienta es seguir las referencias que se presentan en el artículo en cuestión. Esto sirve tanto para artículos científicos, periodísticos, etc, hasta los que leemos en Wikipedia. Las citas y referencias son útiles para verificar fuentes originales de una información. Pero hay que leerlas.

Buscar información relacionada también es útil. Abrir el buscador y citar una nota, o al autor de cierta información, nos puede poner en contacto con datos reveladores que apoyen o derrumben una noticia.

 

Manipular información es un asunto serio. Nuestra inteligencia se ve amenazada si solo somos esponjas que absorvemos información. Seamos capaces de procesarla con buen criterio y llegar a conclusiones apropiadas mediante una buena conducta en el análisis de lo que nos llega.

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