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Mi espacio personal

publicado a la‎(s)‎ 7 jun. 2016 14:22 por Pablo Buydid   [ actualizado el 8 jun. 2016 18:47 ]
Todos tenemos un espacio propio, un espacio personal en el que puedo tener cierto control. Por ejemplo, disponer de un dormitorio nos permite contar con un espacio en el que podemos ordenar las cosas a nuestro gusto, realizar nuestras actividades recreativas, hacer tareas, descansar, etc. Y hasta cierto grado no permitimos la invasión de ese espacio.
En el caso de los niños y jóvenes, si bien ese espacio es apropiado y beneficioso que exista, el control está sometido a la autoridad de los padres. Son estos los que realizan intervenciones, dictan algunas decisiones y marcan algunas reglas. Por ejemplo, los padres pueden indicar cuándo es hora de poner en orden el dormitorio o si no es apropiado que entremos con ciertos amigos  y cerremos la puerta. Esto no es una pérdida de control sobre el espacio, sino la existencia de reglas establecidas para evitar problemas o situaciones complejas.



En las redes sociales también podemos contar con un espacio personal cuando nos creamos un perfil en una plataforma y consideramos que es nuestro espacio para expresarnos y para poder controlarlo a nuestro antojo. Sin embargo, a diferencia del espacio físico, en las redes encontramos la tendencia de autovulnerar la intimidad, el sentido del espacio personal, propio. Esto es así cuando rompemos los límites de publicar cosas que podrían mantenerse en la intimidad, y las hacemos públicas.

Aun así, los niños y jóvenes cuentan con la supervisación de los padres, lo cual debería ser la norma... no siempre cumplida. En esto, son los padres quienes también tienen que marcar las reglas, realizar un control sobre las actividades del joven, estar al tanto de sus actividades y aconsejarlo. El desafío pasa muchas veces por el tiempo que debemos dedicar a esta tarea, la falta de conocimiento sobre las nuevas tecnologías por parte de los padres y la falta de control sobre el espacio físico donde los jóvenes usan la tecnología de la comunicación. Este último aspecto se vuelve aun más difícil de abordar cuando consideramos que los jóvenes (y niños) ya disponen de teléfonos de importante gama con acceso a internet y, por lo tanto, a las redes sociales.

¿Cómo pueden los padres cumplir con sus obligaciones en este sentido?

  1. La falta de tiempo.
    Somos responsables de nuestros niños. Parte de nuestra responsabilidad pasa por comprarse tiempo para estar con ellos, conversar y estar al tanto sobre sus actividades. En el caso de las Redes Sociales, interesarnos en saber cómo las usan, con quienes interactúan, cómo reaccionan ante ciertas posibles amenazas. Y aunque el tiempo de calidad vale más que la cantidad, esas tareas no podemos realizarlas en 5 minutos al día.
  2. La falta de conocimiento.
    Es un problema que puede desalentar al padre que no conoce el funcionamiento de las computadoras y de las redes sociales. Pero desalentarnos es peligroso, porque bajamos los brazos y dejamos en vulnerabilidad a nuestros hijos. Es muy importante hacernos una idea del uso general de estas tecnologías. Incluso aprovechando el punto anterior, intentar conocer en charlas francas con nuestros hijos, cómo se usan las redes sociales, como se pueden mantener protegidos los datos, cuál es el lenguaje que usan, etc. Existen páginas muy interesantes y fáciles de comprender en línea, que también pueden ser de gran ayuda para los padres. Pero aunque no se comprendan ciertos temas relacionados a la tecnología, recordar lo que digo siempre en mis presentaciones: "Los hijos saben mucho de tecnología, pero los padres más de la vida". Usemos ese conocimiento para ayudarlos a ser perspicaces y protegerse activamente si es que les permitimos usar las redes sociales.
  3. El control sobre el espacio físico.
    Muchas veces puede ser muy difícil controlar el espacio donde se usa una computadora portátil o un celular así como cuál es el uso que se le da. Una clave está en practicar lo mencionado en el punto uno y utilizar nuestro tiempo con nuestros hijos parar plantear reglas claras y hacerlas cumplir. Hacerlo indicando qué beneficios obtienen si lo cumplen y qué riesgos afrontarán si no. Y considerar algunas posibilidades: a) en casa, no permitir el uso de computadoras o teléfonos en zonas que no sean públicas. Una computadora jamás debe ser utilizada en el dormitorio. Controlar los contactos del móvil y las actividades que realizan en la computadora. Y b) Cuando salen de casa, establecer límites claros sobre el uso del celular, por ejemplo. Qué llamadas pueden atender, en caso pueden usar Whatsapp, Messenger, etc. Enseñarles a administrar su tiempo. Y podemos luego verificar sus acciones estableciendo claramente que como sus educadores y padres, tenemos el derecho de revisar el historial de llamadas y mensajes cuando lo creamos conveniente.

Estos puntos deben abordarse sobre la base que como padres debemos velar por la seguridad de nuestros hijos. No dudamos en hacerlo en los espacios físicos (tal vez marcando una hora para que regresen a casa), pero no lo hacemos tanto en los espacios virtuales, siendo estos los más conflictivos en muchas ocasiones.

Y dejar en claro en nuestros hijos que estas reglas se establecen no por antojo, sino por nuestro interés en su bienestar. Seamos claros y específicos en explicar estas cosas.

Finalmente, recordar que el buen diálogo en casa, en familia, en cuanta ocasión sea posible, fomentará los hábitos útiles para poder trabajar estos temas en familia, de común acuerdo... principalmente si acostumbramos hacerlo desde la temprana edad de nuestros hijos.

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